La Voz del Silencio

En este día a día ruidoso, estresante, de mucho movimiento y poca quietud, hay algo importante que nos falta… pero lo realmente triste no es en sí su ausencia, si no que ni siquiera seamos capaces de percibirla y es que nadie parece darse cuenta de que ¡nos han robado el Silencio! Algo que resulta hoy molesto ante esta vorágine escandalosa de móviles y redes sociales, de estrés puro y tareas infinitas. Vivimos el día a día bombardeados por constantes estímulos, así que cuando nos quedamos a solas con él, se hace incómodo, nos produce angustia y quizá hasta ansiedad, por eso recurrimos de nuevo a todos esos “dispensadores  de ruido…”

 

Huimos de cuanto nos asusta así que quizá ésa sea la “clave”; el miedo al silencio, quizá porque creemos que no encontraremos nada en él pero… nada más lejos de la realidad. Esa calma que ha sido (y es) tan necesaria, es la que ha acercado siempre Las Musas hasta los creadores, también la que le ha regalado ideas geniales a los hombres, bien fuera dormidos o despiertos, pero seguro, la iluminación llegaba con el silencio… Os compartiré porqué sé que es así y es que yo misma, soy creadora y he de decir que mi tiempo de trabajo más prolífico ha sido siempre la noche. ¿Por qué? Pues porque con ella parece acallarse ese rumor perpetuo que nos envuelve a diario y es entonces, justo antes de dormir, es cuando llega “la Magia”. En ese momento la mente se libera, dando lugar a que la inspiración se cuele en ella.

 

Así que me he pasado años ¡saltando! (literalmente) de la cama, para atrapar en papel las ideas, imágenes, etc, que durante la noche iban llegando. A cada una de ellas, me he enfrentado algo cansada sí, pero con un entusiasmo casi feroz, al tener entre manos la oportunidad de superar ese lance que representa “El Vacío” para los creadores. Si escribía lo hacía veloz, para que ningún detalle se desvaneciera y si dibujaba, lo hacía también a la carrera, casi, casi persiguiendo las líneas que se me “aparecían” por el papel…

 

Quizá esto que cuento sea difícil de entender, para quienes no hayan vivido una situación como  ésta, pero  estoy segura de que cada uno,  a su forma, ha tenido a lo largo  de su vida ideas, pensamientos, proyectos… inspirados de una forma similar. Fijémonos bien en aquellos que considero más cercanos a la iluminación… Los niños son capaces de abstraerse completamente en la tarea de observar una filita de hormigas (por ejemplo) y no hay más que escuchar la batería de preguntas, ideas, etc, con que pueden bombardearnos si se les estimula correctamente. Por tanto, si como adultos hemos perdido ese hilo conector con lo mágico, puede tener que ver ¡y mucho! con esa incapacidad para escuchar la voz del silencio. Éste siempre nos enseñó como ninguna otra cosa puede hacerlo, de él y la observación surgieron grandes ciencias como la matemática o la astronomía.

 

Quiero además compartiros brevemente una experiencia personal, creo que las cosas cobran sentido cuando se hacen “nuestras”, de esa forma enraízan y se integran, pasando a formar parte de nosotros. Veréis a finales de 2013, me hicieron una biopsia, tenía una mancha en la piel que llevaba un tiempo molestándome así que el médico decidió analizarla. Hasta que me dieron los resultados, fui poniéndome en todas las posibles situaciones respecto al resultado, pero ciertamente no quise entretenerme demasiado en el más nefasto. Llegó el día en que fui a recogerlos y por circunstancias tuve que hacerlo sola, cuando el médico me confirmó que el melanoma que tenía era maligno al principio fue como si no fuese verdad. Pensé que el instante después me diría que no tenía importancia y me daría una solución. Entonces dentro de mi algo supo que la situación era seria…

 

En los días anteriores había intentado no detenerme en la posibilidad que ahora estaba viviendo, así que la sensación era algo así como una lucha conmigo misma para aceptar lo que acababa de escuchar. No pude evitar sentir como si todo eso me atravesara, así que cuando no pude más, me rompí como un cristal… Mi médico hacía lo que podía para serenarme, intentando aparentar tranquilidad, así que como pude, me recompuse y le pregunté cómo superar aquello. Me explicó el proceso con calma, respondiendo mis dudas, así que salí de allí algo más tranquila (por expresarlo de alguna forma). Sentía en el centro del pecho una especie de abatimiento del que sabía; que si tomaba el control, se haría conmigo.

 

En las horas siguientes les comuniqué la noticia a mis familiares más cercanos y a algún amigo. De entre todas esas voces, hubo una que me dijo que si quería respuestas, debería buscarlas dentro… Así lo hice unos días después, no tenía nada que perder. Parecía que desde el mismo instante en que supe de aquel resultado, mi cuerpo y yo nos habíamos hipersensibilizado. Además eso que dicen de que las prioridades cambian es cierto, cómo no va a convertirse en prioridad el superar positivamente las pruebas y nueva operación que se me venían encima, frente a por ejemplo; si tal o cual persona valora mi última publicación en Facebook…

 

En los días siguientes decidí probar; cada vez que tenía un rato para mí, buscaba un lugar tranquilo y simplemente cerraba los ojos. Hubo días en que llegaron respuestas, hubo días en los que no, también hubo días en los que el miedo se me coló dentro y tuve que volver a mis otras cosas para no dejarme asustar por él. Lo que sí puedo asegurar es que dos de las veces en las que el silencio se abrió, supe algo que para mí resultó tener una importancia vital…

 

Durante uno de esos silencios, me vi en los años anteriores a aquel, había hecho y logrado muchas cosas como vivir de la profesión que durante años aprendí o tener la oportunidad de fundar mi primera empresa. Vi muchas cosas más pero también vi algo que me apenó mucho y es que en todos esos años, catorce, ni más ni menos, no había hecho algo que sí había hecho desde mi infancia hasta mi adolescencia; crear. Me vi totalmente ocupada con la vida y desocupada de mi misma y de lo que soy y siempre había sido… Supe entonces que mi cuerpo había hablado por mí, aquella situación parecía ser la única forma en que me había visto obligada a detenerme y revisar mi camino. Sentí de nuevo ese mazazo profundo en el centro del pecho y el ego absolutamente quebrantado, pero también me sentí muy agradecida de haber podido “ver” todo aquello…

 

A partir de ese momento tuve una nueva oportunidad para transformar mi vida. Superé poco a poco,  unos días mejor otros  no tanto… todo cuando fue llegando y  aprendí dos cosas impor tantes: que de cuando en cuando, hay que  preguntarse si lo que hacemos  forma  parte de lo que en  esencia somos, porque si no es así la partitura que estamos tocando no será armoniosa y en un momento dado, esa inarmonía se hará perceptible. También aprendí que es imprescindible es-cu-char… Esa “canción” de la que os hablo, es perceptible sólo en el más absoluto silencio de uno mismo, así que si de verdad queréis oír esa Voz del Silencio… hay buscarla donde siempre ha estado… en nuestro interior.

 

Sagra Casas

Escribir comentario

Comentarios: 2
  • #1

    stormtrooper (domingo, 29 enero 2017 19:43)

    Bonito y emotivo artículo. La ilustración, acorde.

  • #2

    El Sueño de Andrómeda (domingo, 05 febrero 2017 16:35)

    Muchas gracias por tu comentario, stormtrooper. Un saludo.